• La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierten que cientos de sustancias químicas presentes en productos de uso cotidiano podrían interferir con el sistema endocrino, por lo que recomiendan un enfoque preventivo frente a la exposición prolongada.
  • En línea con estas advertencias, la Unión Europea ha avanzado en la identificación y regulación de ingredientes clasificados como de alta preocupación, impulsando su sustitución por alternativas más seguras.

Cada día, millones de personas inician una rutina de cuidado personal sin cuestionar lo que aplican sobre su piel. Jabones, cremas, protectores solares, maquillaje y fragancias forman parte de hábitos cotidianos que, aunque parecen inofensivos e invisibles, hoy son observados con mayor atención por la ciencia debido a su interacción con el organismo.

En este contexto, surgen los llamados disruptores endócrinos, sustancias capaces de interferir con el sistema hormonal, responsable de regular funciones esenciales como el crecimiento, el metabolismo y la reproducción. Diversas investigaciones han señalado que algunos compuestos presentes en productos cosméticos pueden atravesar la barrera cutánea y, con una exposición prolongada, generar efectos acumulativos, especialmente relevantes en grupos sensibles como adolescentes y mujeres embarazadas.

Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), junto con agencias regulatorias europeas, coinciden en que la exposición a disruptores endócrinos es un tema que no debe subestimarse. La evidencia científica identifica cerca de 800 sustancias con potencial para alterar el equilibrio hormonal, lo que ha llevado a la Unión Europea a restringir el uso de varios ingredientes e impulsar el desarrollo de alternativas más seguras.

En el ámbito de la fotoprotección, por ejemplo, algunos filtros químicos como Benzophenone-3 (Oxybenzone), Octinoxate, Octocrylene, Avobenzone y Homosalate han sido objeto de análisis debido a la actividad hormonal observada en estudios in vitro y en modelos animales. Si bien los efectos en humanos continúan bajo investigación, la recomendación general apunta a reducir exposiciones innecesarias y priorizar productos con mejor perfil de seguridad.

Ante este escenario, el rol del consumidor ha cobrado mayor relevancia. Leer etiquetas, identificar certificaciones como “libre de disruptores endócrinos”, “sin ftalatos” o “libre de parabenos”, y optar por filtros minerales no nano, como el óxido de zinc y el dióxido de titanio, son prácticas cada vez más recomendadas por especialistas, ya que estos ingredientes no penetran la piel y se consideran seguros incluso para pieles sensibles y mujeres embarazadas.

La industria cosmética está atravesando una transformación importante, impulsada por la evidencia científica y por regulaciones más estrictas, señala la doctora Liliana Cristiansen, vocera médica de Megalabs. “Hoy existen fotoprotectores de nueva generación que combinan alta eficacia con fórmulas más limpias, prescindiendo de ingredientes potencialmente cuestionados y priorizando la seguridad a largo plazo”, señaló la doctora. Cuidar la piel, señalan los expertos, va más allá de la protección solar o la estética. Implica comprender cómo los productos de uso diario pueden influir en la salud integral. En este sentido, elegir fórmulas respaldadas por ciencia, revisar ingredientes y apostar por alternativas más seguras se consolida como una práctica de autocuidado responsable.

La cosmética evoluciona de la mano de consumidores más informados y conscientes. Pequeñas decisiones cotidianas, como la elección de un protector solar con mejor perfil toxicológico, pueden contribuir a un mayor bienestar, promoviendo un equilibrio entre cuidado personal, salud y prevención a largo plazo.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

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