Las enfermedades gastrointestinales abarcan un conjunto de patologías que afectan el tracto digestivo, incluyendo cuadros infecciosos, inflamatorios, tóxicos y funcionales. Desde la salud pública, representan una de las principales causas de morbilidad, especialmente en niños pequeños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, debido a su alta frecuencia y capacidad de generar brotes y complicaciones graves.
Según Pablo Espinosa, MPH, PhD(c), Epidemiólogo y docente de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), en Ecuador, estas enfermedades constituyen un problema constante para el sistema de vigilancia epidemiológica y la atención médica. Los agentes infecciosos predominantes incluyen virus como norovirus y rotavirus, bacterias como Salmonella, Shigella, Campylobacter y Escherichia coli patógena, así como parásitos intestinales como Giardia y Entamoeba histolytica. Además, las intoxicaciones alimentarias por toxinas bacterianas o alimentos mal conservados siguen siendo frecuentes.
Los factores que favorecen su ocurrencia incluyen deficiencias en el acceso a agua potable, saneamiento insuficiente, higiene personal inadecuada, manipulación incorrecta de alimentos y consumo de productos preparados en condiciones sanitarias deficientes. Determinantes sociales como pobreza, hacinamiento y alta movilidad poblacional también facilitan la transmisión comunitaria.
En 2025, se notificaron aproximadamente 10 200 casos de intoxicaciones alimentarias, 2 340 de hepatitis A, 1 070 de salmonelosis, 870 de fiebre tifoidea y paratifoidea y 160 de shigelosis. Los datos reflejan una distribución heterogénea por territorio y grupo etario, con predominio en adultos jóvenes y población infantil, confirmando que la transmisión está asociada principalmente al consumo de agua y alimentos contaminados.
El manejo clínico se basa en la rehidratación oportuna, ya sea oral o intravenosa según la gravedad, y el uso racional de antibióticos solo en casos específicos. La prevención es clave y debe involucrar a toda la población. Se recomienda:
- Consumir agua segura y verificar su calidad.
- Lavarse las manos regularmente, especialmente antes de preparar o comer alimentos y tras ir al baño.
- Cocinar completamente carnes, huevos, pescados y mariscos.
- Evitar alimentos crudos o de origen desconocido y respetar la cadena de frío.
- Separar utensilios y superficies para alimentos crudos y cocidos.
- Cumplir estrictamente normas de higiene en restaurantes, fábricas y lugares de expendio de alimentos.
- No manipular alimentos si se presentan síntomas gastrointestinales.
Es fundamental reconocer signos de alarma, como deshidratación, fiebre alta, diarrea con sangre, vómitos persistentes, dolor abdominal intenso o ictericia, y acudir de inmediato a los servicios de salud, especialmente en niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas. La prevención de estas enfermedades requiere corresponsabilidad entre la población, establecimientos de alimentos y autoridades sanitarias, con el fin de reducir brotes, proteger la salud pública y garantizar bienestar en todo el territorio ecuatoriano.
