• La digitalización y el trabajo remoto han transformado la forma de trabajar en la región, pero su impacto en la igualdad de género depende menos de la tecnología y más de los cambios culturales y organizacionales que acompañen su implementación.
  • La Dra. Andrea Hernández Monleón, directora del Pregrado en Recursos Humanos y Relaciones Laborales de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, analiza cómo la tecnología puede convertirse en una aliada o en una trampa para la corresponsabilidad laboral y de cuidados.

La promesa de la digitalización y del trabajo remoto como herramientas para mejorar la conciliación laboral y personal puede estar cayéndose actualmente en Ecuador.

El Ministerio de Trabajo ha venido reportando una disminución en las modalidades de teletrabajo desde el 2022. Mientras más del 70% habían adoptado esta dinámica por asuntos de la pandemia, solo el 16% lo hacían de manera permanente, y tal parece que ha sido insostenible, según los cierres de año.

Y aunque las facilidades de lo remoto y el uso de la tecnología aliviaban dolores como los desplazamientos y la autonomía en la jornada, estaba generando también problemas donde las mujeres experimentaron un aumento de la carga laboral, una especie de «trampa de género», según explica la Dra. Andrea Hernández Monleón, directora del Pregrado en Recursos Humanos y Relaciones Laborales de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.

«Se asoció, una vez más, una expectativa cultural de que las mujeres podían compatibilizar trabajo remunerado y cuidados sin soporte estructural», explica. «Sin un cambio cultural (eliminación de estereotipos y sesgos de género) así como individual (de actitudes y estilos de comportamiento), no hay ninguna garantía para esta evolución».

Probablemente retroceder a los modelos tradicionales de manera radical no solucione este problema, porque las mujeres deberán enfrentarse nuevamente tanto al trabajo de la oficina como el de la casa, sumando además tiempo vital desperdiciado en desplazamientos que atentan contra el bienestar.

Entonces abordar la problemática no debe hacerse mediante maneras absolutas. Mientras la presencialidad total puede ser traumática, una mala gestión del trabajo híbrido o remoto también puede traducirse en jornadas más extensas, difuminación de los límites entre la vida personal y laboral y dificultades para ejercer el derecho a la desconexión digital, con impactos directos en la salud mental y el bienestar.

Por ello, la Dra. Hernández Monleón subraya que la tecnología debe ir acompañada de políticas claras y con enfoque de género, y que en las modalidades de trabajo flexible se establezcan límites claros entre el tiempo laboral y el personal, garantizando el derecho a la desconexión digital de trabajadoras y trabajadores.

Ahora, más allá del ámbito laboral, avanzar hacia una cultura de corresponsabilidad implica también cuestionar los modelos sociales que históricamente han asignado a las mujeres el rol principal de cuidadoras. La experta de VIU recuerda que esta división tiene raíces profundas en el modelo del male breadwinner, que estructuró durante siglos tanto la vida familiar como las políticas públicas.

«Se vuelve imprescindible nuevos modelos sociales que superen los roles y estereotipos de género tradicionales, no solo dando oportunidad a las mujeres a ocupar roles distintos al de cuidadoras, sino especialmente otros modelos de masculinidad en los que los cuidados, los afectos y la corresponsabilidad tengan la centralidad que requieren», subraya la docente.

Para ello, los implicados son los diferentes agentes de esta cadena social y laboral, desde las empresas con políticas flexibles y permisos retribuidos por cuidados, como una conciencia desde la educación y la crianza para fomentar nuevos imaginarios de los roles en el trabajo y el hogar.

«Es fundamental la educación en igualdad para las y los niños y sus familias», añade la Dra. Hernández Monleón, «la sensibilización en estas cuestiones desde las empresas, así como las campañas públicas y mediáticas que visibilicen modelos de masculinidad diversos en los que haya un ejercicio corresponsable y afectivamente implicado».

Necesitamos avanzar hacia modelos de trabajo y de vida que permitan el bienestar, la equidad y la sostenibilidad.Por eso, el desafío para América Latina no es solo digitalizar procesos, sino transformar las culturas laborales y sociales para que esa innovación se traduzca en mayor justicia e igualdad.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

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