- Además de los conflictos geopolíticos, la desigualdad, la digitalización, la seguridad y la sostenibilidad serán otros de los temas cruciales que desencadenarán conversaciones y transformaciones profundas en la región.
- La Dra. Jara Rodríguez Fariñas, directora del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, analiza los eventos cruciales que se avecinan en 2026 para América Latina.
El 2026 comenzó con muchos movimientos. Las tensiones geopolíticas han sido noticia desde la primera semana del año, pero todavía queda mucho por venir. Y entre estas tensiones y las jornadas electorales que restan en América Latina, varios fenómenos sociales y estructurales empujarán a América Latina a una discusión profunda.
«En los próximos años, los temas sociales van a ocupar un lugar central en el debate público latinoamericano porque están ligados a cambios profundos que la región todavía no termina de asimilar», explica la Dra. Jara Rodríguez Fariñas, directora del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.
El tema de la desigualdad, más allá del debate sobre la brecha salarial, también girará en torno a los accesos desiguales a la salud, educación, conectividad y servicios básicos. Desde la pandemia, que fue un punto de inflexión determinante, ha quedado al descubierto la fragilidad de los sistemas sanitarios y la debilidad de las redes de protección social en buena parte de la región.
La digitalización también es un detonante de las brechas, pese a las oprotunidades económicas que sigue generando. Mientras algunos sectores se integran a economías más innovadoras, otros se quedan rezagados, profundizando esas desigualdades territoriales y generacionales.
Es un proceso que exigirá poner sobre la mesa preguntas técnicas y políticas, relacionadas con la regulación de plataformas, protección de datos y soberanía tecnológica. Será recurrente ver, dentro de los puntos de promesas de los candidatos, el mejoramiento del aspecto tecnológico para responder adecuadamente a su avance.
La inseguridad es otro de los temas que ganará protagonismo, especialmente por la expansión del crimen organizado y el narcotráfico. Casos como el de Ecuador, que en pocos años pasó de ser un país relativamente seguro a tener una de las tasas de homicidios más altas de la región, o el intervencionismo de EE.UU. apalancado en el discurso antidrogas, harán que el tema sea crucial en la agenda.
«Ya no hablamos solo de delitos comunes, sino de la expansión del crimen organizado y el narcotráfico, que están reconfigurando la vida política y económica en varios países», advierte la Dra. Rodríguez Fariñas. «Esta violencia no se limita a las calles; controla territorios, penetra instituciones y desplaza comunidades, afectando la gobernabilidad y la inversión. Es un fenómeno que obliga a repensar políticas públicas y esquemas de cooperación regional».
A esto se suma el auge de movimientos ciudadanos vinculados a la defensa del agua, el medio ambiente y la justicia territorial. Las protestas que se han dado en diferentes países de América Latina como Chile, Perú y Ecuador expresan una conciencia ecológica creciente y contundente. Los modelos de desarrollo basados en la explotación intensiva de los recursos naturales están siendo duramente cuestionados por la población, y reflejan una crisis de representación política.
No se puede dejar de mencionar la crisis climática y los desplazamientos forzados, que son factores transversales a las tensiones existentes.
«Los eventos climáticos extremos agravan desigualdades; la inseguridad provoca desplazamientos internos; la digitalización redefine la organización social; y los movimientos ciudadanos conectan estas agendas con demandas de justicia territorial y sostenibilidad», detalla la experta de VIU.
Todos estos desafíos conforman un entramado que marcará la agenda latinoamericana en los meses que vienen y obligará a repensar políticas públicas, modelos de desarrollo y mecanismos de participación ciudadana.
