Más de 2.000 millones de personas en el mundo no cuentan con acceso seguro a agua potable, según organismos internacionales, una cifra que evidencia que la crisis hídrica global no responde únicamente a la escasez, sino también a fallas en la gestión y distribución del recurso. En paralelo, proyecciones científicas advierten que la disponibilidad de agua podría reducirse hasta en un 33 % en ciertas zonas del sur del Ecuador hacia 2080 debido al cambio climático, lo que refuerza la urgencia de fortalecer su manejo.
En el marco del Día Mundial del Agua, que se conmemora cada 22 de marzo, estas cifras ponen en evidencia un desafío que trasciende la disponibilidad natural del recurso y se centra en la capacidad de los sistemas para gestionarlo de manera eficiente y sostenible.
La investigación científica desarrollada con la participación de Cecilia Puertas, docente de la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), en colaboración con universidades prestigiosas del país, se llevó a cabo en Cayambe y analiza la gestión del agua desde una perspectiva territorial y social. El estudio, financiado por la Universidad de Ginebra (UNIGE) y la Universidad de Saint Gallen, se basa en un análisis de calidad del agua desarrollado mediante un enfoque multidisciplinario y en trabajo conjunto con comunidades locales.
Uno de los ejes centrales del estudio es el rol de los páramos como fuente primaria de agua. Estos ecosistemas altoandinos funcionan como reguladores naturales que captan, almacenan y liberan el recurso hídrico que posteriormente se transforma en ríos y abastece a las ciudades. En este proceso, las comunidades indígenas que habitan estos territorios cumplen un papel fundamental como guardianes del agua, protegiendo y gestionando estos espacios estratégicos.
Los resultados evidencian que, mientras en las redes urbanas pueden generarse pérdidas de hasta el 30 % del agua antes de llegar a los usuarios finales, existe también una desconexión estructural entre el origen del recurso y su consumo. El estudio pone en evidencia que gran parte de la población urbana desconoce de dónde proviene el agua y el rol que cumplen los ecosistemas y las comunidades en su conservación.
Según Cecilia Puertas, docente de la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), este es uno de los principales vacíos en la gestión del recurso. “El problema no es únicamente técnico. También existe una desconexión entre quienes consumen el agua y los territorios donde se genera. Entender esa relación es clave para una gestión más sostenible”, explica.
En Ecuador, esta realidad adquiere especial relevancia en un contexto donde la presión sobre el recurso aumenta por el crecimiento urbano, la expansión productiva y el cambio climático. A pesar de contar con una importante riqueza hídrica, factores como la falta de articulación entre actores, la limitada inversión y las brechas en gestión inciden directamente en la sostenibilidad del sistema.
La gestión del agua, además, se vincula con sectores estratégicos como la agricultura, la industria y el desarrollo urbano. Las ineficiencias no solo generan pérdidas económicas, sino que también profundizan desigualdades en el acceso y limitan la capacidad de respuesta frente a escenarios de estrés hídrico.
Para Puertas, el desafío implica un cambio de enfoque que vaya más allá de la infraestructura. Integrar la gestión técnica con el reconocimiento de los territorios, las comunidades y los ecosistemas que sostienen el recurso es fundamental para garantizar su sostenibilidad en el largo plazo.
En un escenario donde el agua se consolida como un recurso estratégico, Ecuador enfrenta una pregunta de fondo. No solo cómo optimiza sus sistemas de distribución, sino cómo reconoce y protege los territorios donde el agua realmente nace
