- Para 2030, 1 de cada 6 personas tendrá más de 60 años y, aunque en Ecuador la esperanza de vida es de 77,6 años, las enfermedades no transmisibles causan el 65 % de las muertes en la región y el 24 % de las defunciones en el país.
- Desde Laboratorios Bagó del Ecuador, la Dra. Carla Cevallos destaca que gran parte del envejecimiento puede prevenirse mediante hábitos saludables y control médico oportuno.
La humanidad ha logrado una victoria histórica: vivir más tiempo, un avance que la Organización Mundial de la Salud reconoce como uno de los logros colectivos más notables gracias a los progresos en salud pública y desarrollo social. Sin embargo, en este 2026 enfrentamos una paradoja: hemos ganado años, pero no necesariamente salud. La evidencia de la OMS es clara: para 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 60 años y el grupo de mayores de 80 años se triplicará para mediados de siglo.
De acuerdo con el perfil de país publicado en 2024 por la Organización Panamericana de la Salud, la esperanza de vida en Ecuador ha alcanzado los 77,6 años, mientras que las proyecciones del INEC para 2025 la sitúan alrededor de 77,2–77,4 años (≈74,0–74,3 en hombres y 80,0–80,2 en mujeres). Sin embargo, este avance convive con una estadística preocupante: en la región de las Américas, alrededor del 65 % de las muertes se deben a enfermedades no transmisibles (ENT), como las cardiovasculares, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas, una carga que ha aumentado de forma sostenida en las últimas décadas y que está estrechamente vinculada a hábitos de vida modificables.
El envejecimiento no es un proceso uniforme, y en nuestro país, la transición hacia la vejez está marcada por la cronicidad, es decir, por condiciones de salud de larga duración que requieren atención continua. Datos del Ministerio de Salud Pública (MSP) y registros estadísticos de 2024/2025 revelan que las enfermedades cardiovasculares, principalmente infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia cardíaca, representan el 24% de las defunciones totales en el país.
Además, la diabetes se ha consolidado como un reto crítico; se estima que 1 de cada 18 ecuatorianos vive con esta condición, y en la población mayor de 65 años, la prevalencia de la hipertensión arterial llega a afectar al 40% de los adultos. Estas no son solo cifras; son historias de pérdida de autonomía, dolor crónico y una carga creciente para las familias y el sistema de salud.
“La buena noticia es que la ciencia moderna ha demostrado que la edad biológica, el estado real de nuestras células, no tiene por qué coincidir con la fecha de nuestro nacimiento. Gran parte de este deterioro es modificable a través del entorno y los hábitos”, explica la Dra. Carla Cevallos, jefe de Seguridad, Salud y Ambiente de Laboratorios Bagó.
Para transformar esta realidad, debemos adoptar estrategias que la ciencia internacional ha validado como pilares de una vida larga y vibrante:
- Monitoreo preventivo y detección temprana: los chequeos médicos periódicos, control de presión arterial, glucosa, colesterol y salud visual, permiten identificar factores de riesgo antes de que se conviertan en enfermedades incapacitantes. La prevención secundaria es clave para frenar la progresión de patologías crónicas.
- Movimiento cotidiano sostenido: más allá del ejercicio estructurado, reducir el sedentarismo en la vida diaria, caminar, usar escaleras, mantener movilidad articular, protege la salud cardiovascular y preserva la independencia funcional.
- Estimulación cognitiva continua: aprender nuevas habilidades, leer, mantener interacción social y desafiar al cerebro fortalece la reserva cognitiva y contribuye a retrasar el deterioro mental asociado al envejecimiento.
- Gestión del estrés crónico: el estrés prolongado acelera procesos inflamatorios y hormonales que impactan el sistema cardiovascular e inmunológico. Técnicas como respiración consciente, pausas activas y equilibrio entre trabajo y descanso son herramientas preventivas reales.
- Alimentación e hidratación consciente: priorizar alimentos frescos, naturales y ricos en fibra, proteínas de calidad y grasas saludables ayuda a controlar el peso, regular la glucosa y reducir la inflamación crónica. A la par, mantener una hidratación adecuada es esencial, ya que con la edad disminuye la sensación de sed, aumentando el riesgo de deshidratación, lo que puede afectar funciones cognitivas, renales y metabólicas.
- Redes sociales y apoyo emocional: el aislamiento social está asociado a mayor mortalidad y deterioro cognitivo. Mantener vínculos activos es un factor protector tan importante como la nutrición o el ejercicio.
- Adherencia a tratamientos médicos: seguir correctamente las indicaciones terapéuticas evita complicaciones y hospitalizaciones prevenibles, especialmente en personas con enfermedades crónicas.
Desde Laboratorios Bagó nos alineamos con la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) de las Naciones Unidas, promoviendo una visión que combate el “edadismo”, la idea errónea de que envejecer es sinónimo de fragilidad, y que impulsa entornos que favorezcan la adaptación, la autonomía y el crecimiento a lo largo de la vida, reafirmando que envejecer con dignidad y bienestar es posible mediante la prevención, los hábitos saludables y el cuidado oportuno.
