En un contexto marcado por el aumento del costo de vida y la necesidad de optimizar el presupuesto familiar, muchas personas toman decisiones financieras guiadas casi exclusivamente por el precio. En ese escenario, los seguros suelen verse como un gasto que hay que reducir al mínimo. Sin embargo, cuando se trata de protección, elegir la opción más barata puede terminar siendo una de las decisiones más costosas.
La experiencia demuestra que, detrás de una prima aparentemente atractiva, existen recortes que no siempre son evidentes al momento de contratar, pero que salen a la luz cuando ocurre un imprevisto: un accidente, un robo, un daño a terceros o una emergencia que exige el desembolso de una alta cantidad de dinero y una respuesta inmediata. Es ahí cuando el “ahorro” deja de existir.
Expertos de Seguros Alianza recomiendan cinco aspectos clave que suelen sacrificarse en los seguros más económicos y que ningún cliente debería omitir solo por pagar menos.
1. Coberturas mínimas que no reflejan el riesgo real
Uno de los principales ajustes está en los montos asegurados. Muchas pólizas de bajo costo ofrecen coberturas básicas que apenas alcanzan para responder a un siniestro menor. Cuando el daño es mayor —ya sea material, patrimonial o personal— la diferencia debe ser asumida directamente por el asegurado.
De acuerdo con Ma. Augusta Lucio, Gerente de Desarrollo de Negocios de Seguros Alianza “uno de los errores más comunes es contratar un seguro pensando que nunca se lo va a usar. El problema aparece cuando ocurre un evento y la cobertura no es suficiente para responder a la magnitud del daño”.
2. Exclusiones que el cliente descubre demasiado tarde
Las pólizas más baratas suelen incluir una lista extensa de exclusiones: situaciones específicas en las que el seguro simplemente no está obligado a cubrir. El problema es que estas condiciones muchas veces no se entienden con claridad o pasan desapercibidas durante la contratación.
Eventos que el cliente asume como “lógicos” o “cubiertos” pueden quedar fuera de cobertura, generando frustración y una sensación de desprotección justo en el momento más crítico.
3. Deducibles elevados que reducen el beneficio
Otro recorte frecuente está en el deducible, es decir, el monto que el asegurado debe pagar antes de que la póliza entre en acción. En seguros económicos, este valor suele ser considerablemente más alto, lo que provoca que, ante siniestros medianos, el usuario termine cubriendo gran parte del costo por su cuenta.
En la práctica, esto hace que muchas personas decidan no usar su seguro, porque el gasto termina siendo casi equivalente al de no tenerlo.
4. Asistencias y servicios limitados
Más allá de la indemnización económica, un seguro también se mide por los servicios adicionales que ofrece: asistencias en emergencias y siniestros, acompañamiento, orientación y soluciones prácticas en momentos de estrés. En las opciones más baratas, estos beneficios suelen estar recortados o directamente no existir.
“Un buen seguro no solo paga, también acompaña, La diferencia se nota cuando la persona necesita una solución rápida y encuentra a alguien del otro lado que resuelve, no que pone obstáculos”. señala Lucio
5. Atención al cliente y tiempos de respuesta
Finalmente, uno de los recortes más sensibles es la calidad del servicio. Procesos lentos, trámites engorrosos, canales de atención limitados o falta de asesoría personalizada son características comunes en pólizas de bajo costo.
En un entorno donde las personas valoran cada vez más la inmediatez y la claridad, una mala experiencia durante un siniestro puede generar más impacto negativo que el propio evento.
Más que un precio, una decisión informada
Contratar un seguro no debería ser una carrera por pagar menos, sino un ejercicio de análisis y prevención. Revisar coberturas, entender condiciones, comparar deducibles y evaluar el respaldo real que ofrece una aseguradora es clave para evitar sorpresas desagradables. Como concluye Lucio: “El verdadero valor de un seguro no se mide en la prima mensual, sino en la tranquilidad que ofrece cuando algo sale mal”.
En tiempos donde la planificación financiera es esencial, informarse bien puede marcar la diferencia entre un ahorro inteligente y un error costoso.
