• Un informe de Ayuda en Acción y la CEPAL resalta que la educación técnica será clave para adaptarse a un mercado laboral cada vez más marcado por la automatización y el uso de la inteligencia artificial.
  • En Ecuador, las personas con educación técnica superior ganan en promedio un 51% más que quienes solo concluyeron la secundaria.
  • El acceso a estos modelos formativos en América Latina y el Caribe permiten a las personas con educación técnica superior contar, en promedio, con un 41% más de ingresos en comparación con aquellos que cuentan con formación secundaria.
  • Ambas organizaciones proponen una hoja de ruta que permita la resolución de los desafíos educativos actuales a la par que se forman perfiles adaptados a las necesidades del mercado laboral y las tecnologías emergentes.

En un contexto marcado por la acelerada transformación digital del mercado laboral, la región enfrenta un desafío estructural: la brecha entre las habilidades que demanda el mercado laboral y la formación que reciben millones de personas. En este escenario, el nuevo estudio “Educación técnico-profesional en América Latina en el marco de la digitalización”, desarrollado por Ayuda en Acción y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas, (https://ayudaenaccion.org/informe-digitalizacion-latam/ ) pone sobre la mesa la urgencia de repensar los sistemas de educación técnica como un pilar clave para un desarrollo social inclusivo de la región.

En ese sentido, el estudio evidencia que la educación técnico-profesional representa una oportunidad concreta de movilidad social, pues en promedio, en América Latina, quienes han completado estudios técnicos a nivel terciario reciben ingresos un 41% superiores frente a quienes solo cuentan con educación secundaria, lo que confirma el impacto directo de este tipo de formación en la mejora de las condiciones económicas de la población.

Asimismo, el informe destaca que este impacto también se refleja en el acceso al empleo, particularmente en el caso de las mujeres, cuyas tasas de ocupación pueden ser hasta 19 puntos porcentuales más altas frente a aquellas con menor nivel educativo, lo que refuerza el papel de esta formación en la reducción de brechas.

En contraste, pese a ese panorama, el informe también advierte que la digitalización podría profundizar desigualdades preexistentes cuando los sistemas formativos no logran adaptarse al ritmo del cambio tecnológico. Esto cobra especial relevancia en un periodo en el que, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tecnología pone en riesgo a más del 80% de las tareas administrativas, lo que afectaría mayormente a la población joven de la región. 

Frente a ese contexto, resulta fundamental fortalecer la articulación entre el sector educativo, el sector productivo y las políticas públicas, de manera que la formación responda efectivamente a las demandas actuales y futuras del mercado laboral, avanzando hacia modelos más inclusivos e innovadores que integren nuevas tecnologías en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

¿Qué pasa en Ecuador?

La formación técnica incrementa significativamente el acceso al empleo femenino: en Ecuador, la ocupación de mujeres con estudios técnicos supera en 19 puntos porcentuales a la de aquellas con menor nivel educativo. También, estudiar una carrera técnica puede aumentar salarios en más del 50%, pero en el país solo el 11,3% de estudiantes de educación superior en Ecuador cursa programas técnicos-profesionales.

Alrededor del 60% de estudiantes de educación técnica terciaria en Ecuador pertenece a los quintiles de ingresos más altos (quintiles 4 y 5). Esto evidencia que jóvenes de menores ingresos todavía enfrentan barreras para acceder a este tipo de formación.

La educación técnica puede reducir a la mitad la pobreza en América Latina, el 16% de personas con solo secundaria vive en pobreza, mientras esa cifra baja al 8% entre quienes cursaron educación técnica terciaria. Esta realidad debe alertarnos como país, es clave impulsar la educación técnica en Ecuador”, menciona Fiorella Mackliff, Directora País de Ayuda en Acción Ecuador.

Por su parte, Daniela Trucco, investigadora y Oficial Superior de Asuntos Sociales de la CEPAL destaca que no existe un modelo único para avanzar: “El análisis de experiencias comparadas releva elementos comunes a nivel regional, pero señala la importancia de desarrollar estrategias situadas, que reconozcan las capacidades institucionales y características productivas de cada país”.

Una hoja de ruta de cara a la digitalización

Para afrontar la creciente transición digital, Ayuda en Acción y la CEPAL proponen una hoja de ruta que facilitará la resolución de los problemas estructurales de la Educación y Formación Técnica-Profesional (EFTP) a nivel de políticas, planificación, inversión y articulación público-privada. Esta consta de cuatro ejes estratégicos: 

  1. La gobernanza, la capacidad institucional y la articulación intersectorial son esenciales: coordinación entre el Estado y el sector productivo para definir líneas de trabajo conjuntas en las que se prioricen las necesidades del mercado y las capacidades de las poblaciones que accederán a estos procesos para que sea una formación continua e independiente de los ciclos políticos. 
  2. La formación no solo es técnica, también es organizacional y pedagógica: más allá de la modernización de la educación con la implementación de nuevas tecnologías, la EFTP debe ofrecer modalidades flexibles y valorar los conocimientos previos para hacer planes de trabajo ágiles y vinculados a las demandas constantes del mercado laboral. 
  3. Cooperación internacional, clave para facilitar la transformación digital: es fundamental la participación de actores internacionales como facilitadores de conversación, permitiéndole a los estados y las organizaciones definir sus prioridades mientras reciben apoyo técnico o financiamiento, que posteriormente se traduce en nuevas oportunidades de prosperidad para las personas.
  4. No existe un modelo único, cada país requiere estrategias situadas: se deben evaluarlas necesidades internas de los países para hacer modelos personalizados que permitan una coordinación intersectorial, el desarrollo de habilidades transversales, la inversión en infraestructura y equipamiento y la flexibilización de los trayectos formativos. 

Con base en estos hallazgos, el estudio concluye que avanzar hacia sistemas de educación técnico-profesional más inclusivos y articulados no es solo una necesidad educativa en la región, sino una condición indispensable para que América Latina pueda enfrentar los desafíos de la digitalización con menores niveles de desigualdad, mayor competitividad y desarrollo social inclusivo.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

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