El sistema penitenciario de Guayaquil enfrenta una emergencia sanitaria sin precedentes por desnutrición y tuberculosis. Ante esta situación, las autoridades trasladaron a 496 privados de libertad desde la Penitenciaría del Litoral hacia la Cárcel Regional. Este movimiento vació por completo el pabellón 5, identificado como el epicentro de la crisis de salud.

Verificación de condiciones infrahumanas

Una comisión interinstitucional inspeccionó el centro carcelario este martes 24 de febrero de 2026. Delegados de la Defensoría del Pueblo y el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) encabezaron la diligencia. Durante el recorrido, los comisionados confirmaron la gravedad de la vulneración de derechos en los pabellones 5 y 7.

Fernando Bastias, abogado del CDH, calificó el problema como “estructural y sistemático”. El jurista señaló que el traslado busca reducir el riesgo de más muertes en el corto plazo. Sin embargo, la jornada inició con una alerta trágica: personal de Criminalística retiró un cuerpo sin vida del penal la mañana de este martes.

Hacinamiento y cifras alarmantes de mortalidad

La inspección en el pabellón 7 reveló escenas de hacinamiento extremo. Las celdas diseñadas para cuatro personas albergan actualmente hasta a 13 internos. Los delegados constataron espacios insalubres, falta de atención médica adecuada y una alimentación deficiente que agrava los cuadros de desnutrición.

Las cifras de fallecidos generan una fuerte controversia entre las organizaciones y el Estado. Mientras el CDH contabilizó cerca de 600 muertes en 2025, los familiares reportan más de 120 decesos en lo que va de 2026. Ana Morales, representante de los familiares, denunció que las autoridades intentan ocultar la realidad de los reos con desnutrición extrema.

Irregularidades en la alimentación y medicinas

La visita oficial provocó reacciones inmediatas y sospechosas por parte de la administración carcelaria. Los familiares denunciaron que el menú habitual de arroz con mortadela cambió repentinamente por calamares durante la inspección. No obstante, muchos internos recibieron raciones incompletas o simplemente se quedaron sin probar bocado.

Asimismo, brigadas médicas y camiones con fármacos ingresaron al recinto coincidiendo con la presencia de la comisión. Billy Navarrete, secretario del CDH, reconoció la reactivación del policlínico pero advirtió que la respuesta debe ser permanente. Los activistas temen que las mejoras sean solo una fachada temporal para satisfacer a los organismos internacionales.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

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