• Mario Paños Gómez, profesor de Psicología del Deporte de la Universidad Nebrija y psicólogo del deporte de Máximo Rendimiento, explica qué hay detrás de las emociones que despierta esta disciplina.
  • La pasión por este deporte trasciende edades y condiciones sociales, ya que está asociada a recuerdos, experiencias compartidas y fortalecimiento de los vínculos entre personas y comunidades.
  • Durante la jornada mundialista, la expectativa acumulada durante cuatro años y el apoyo colectivo a una misma selección potencian el sentimiento de unidad e identidad, multiplicando el impacto emocional del torneo
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Con el inicio de la jornada mundialista, millones de personas alrededor del mundo comienzan a experimentar una mezcla de expectativa, entusiasmo y emoción. Pero ¿qué explica que este torneo de fútbol despierte reacciones tan intensas en aficionados de distintas edades, culturas y contextos?

Para Mario Paños Gómez, profesor de Psicología del Deporte de la Universidad Nebrija y psicólogo del deporte de Máximo Rendimiento, la respuesta radica en la capacidad del fútbol para conectar con mecanismos psicológicos profundamente arraigados en el ser humano.

En un contexto marcado por el estrés, las responsabilidades y la incertidumbre, el fútbol ofrece un espacio de desconexión. “Nuestra cabeza busca una parcela paralela de la realidad que nos transmita emociones placenteras. Cuando vemos un partido, se liberan neurotransmisores y se producen picos de adrenalina, cortisol y endorfinas”, explica el especialista.

Según Paños, esta pasión trasciende edades y condiciones sociales. Más allá de ser un juego entre dos equipos, el fútbol está ligado a recuerdos, experiencias compartidas y momentos que dejan una huella emocional. Ver un partido en familia, celebrar con amigos o sentirse parte de un grupo fortalece el vínculo con este deporte.

Esta intensidad emocional también está relacionada con la anticipación. Durante meses, los aficionados reciben información constante sobre el torneo, siguen la preparación de las selecciones y proyectan posibles escenarios, manteniendo activa la expectativa incluso antes del primer partido.

El componente social también juega un papel clave. Las personas desarrollan vínculos con equipos y selecciones a través de familiares, amigos o comunidades que comparten la misma afición. En ese sentido, el fútbol tiene la capacidad de centrar la atención en aquello que une a las personas.

Durante la temporada mundialista estas emociones se potencian aún más. La espera de cuatro años convierte al torneo en un acontecimiento especial y fortalece el sentimiento de unidad, ya que aficionados de distintos equipos se reúnen para apoyar a una misma selección.

Para el especialista, esta capacidad de generar identidad colectiva explica por qué este tipo de actividades deportivas continúan siendo uno de los eventos más emocionantes y seguidos del planeta. “El fútbol hace que nos centremos en lo que nos une, y partidos mundiales, generan que esta unión se produzca a una escala mucho mayor, lo que multiplica el impacto emocional que genera”, concluye.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

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