En 2024, las empresas ecuatorianas registraron un promedio de $34.569 en pérdidas por siniestros, de acuerdo con la Encuesta Estructural Empresarial (ENESEM) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). El dato, correspondiente al último periodo disponible de esta medición, pone en perspectiva el impacto que un imprevisto puede generar sobre las finanzas y la continuidad de un negocio.

Incendios, robos, daños provocados por fenómenos naturales e interrupciones de las operaciones se encuentran entre los escenarios que pueden generar afectaciones económicas. Frente a esta realidad, la educación financiera también implica aprender a identificar riesgos, anticipar sus posibles consecuencias y tomar decisiones para proteger la estabilidad económica.

“Desde nuestra experiencia, uno de los principales desafíos que enfrentan las empresas es que la gestión de riesgos todavía suele abordarse de manera reactiva. Es decir, las decisiones se toman después de que ocurre un incidente, cuando la organización ya debe asumir costos de recuperación, reposición de activos, interrupción de operaciones o pérdida de ingresos”, señala Andrés Báez Gerente Técnico y de Siniestros de Novaecuador.

Para las PYMEs, esta situación puede representar un desafío mayor debido a su capacidad para absorber pérdidas inesperadas. Subestimar los riesgos, mantener coberturas insuficientes o no actualizarlas conforme crece el negocio son algunos de los errores más frecuentes. El aumento de activos, operaciones y responsabilidades también modifica la exposición de una empresa y debería reflejarse en su planificación financiera.

Además, los riesgos no se limitan a los bienes físicos. Una afectación puede comprometer ingresos, operaciones o responsabilidades frente a terceros, por lo que la continuidad del negocio requiere considerar distintos escenarios dentro de la gestión financiera.

En los hogares, enfermedades, accidentes, daños a la vivienda, robos o siniestros vehiculares también pueden generar gastos inesperados que comprometan los ahorros y el presupuesto familiar. Anticipar estas situaciones permite evaluar con mayor claridad la capacidad financiera para responder ante una contingencia.

En este contexto, entender el seguro como una herramienta de protección financiera forma parte de una educación financiera que va más allá del ahorro y el manejo de ingresos. Identificar los riesgos, evaluar su posible impacto y tomar decisiones con anticipación permite fortalecer la capacidad de respuesta de empresas y familias frente a los imprevistos.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *