• El envejecimiento de la población en el país tiene unas implicaciones físicas, financieras y de salud mental cuando los roles familiares se invierten y desafían las relaciones saludables durante la vejez.
  • El Dr. Joaquín Mateu Mollá, director de la Maestría en Gerontología y Atención Centrada en la Persona de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, ofrece pautas para evitar la sobrecarga del cuidador y preservar la autonomía de los adultos mayores.

El envejecimiento de la población en los países de América Latina está generando transformaciones importantes que no solo se manifiestan en las métricas demográficas, sino en la convivencia de los hogares.

Que los hijos deban convertirse en cuidadores de sus padres es una realidad casi inevitable. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que, para 2050, más de ocho millones de personas mayores requerirán apoyos para la vida cotidiana, con alta probabilidad de que sean atendidas por sus propios familiares.

Esta inversión de roles puede generar tensiones familiares por la inversión de roles, la falta de preparación para estas obligaciones, la responsabilidad afectiva que se debe tener, los conflictos de tiempo, de dinero y la falta de apoyo en muchos casos.

Son muchos los motivos por los que se colapsa la salud mental de los cuidadores directos, fragmentando incluso el vínculo afectivo con los padres. Así lo analiza el Dr. Joaquín Mateu Mollá, Director de la Maestría en Gerontología y Atención Centrada en la Persona de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.

“Quizá el conflicto más relevante tenga que ver con la asimetría en la distribución de las cargas del cuidado”, indica. “En la práctica suele ocurrir que sea uno de los hijos (casi siempre una mujer) la que deba asumir la mayor parte de las tareas, algo que se traduce en rencillas y problemas. A estos reproches se suman también los desacuerdos en la forma en que habrían de distribuirse los recursos económicos o incluso en el dilema sobre el lugar en que los padres vivirán”.

Para prevenir el agotamiento físico y esto pueda generar, es necesario derribar la idea del sacrificio personal incondicional y comenzar a buscar soluciones profesionales y comunitarias. Para evitar este colapso, es clave entender que solicitar ayuda externa o apoyarse en centros de respiro no es una falta de afecto, sino una medida indispensable para sostener la salud del sistema familiar.

“Lo fundamental es contemplar siempre una premisa básica en el ámbito de la gerontología: el cuidado no debe implicar un acto heroico y de autorrenuncia, pues para poder brindar al otro una ayuda será siempre fundamental que escuchemos nuestras propias necesidades y busquemos satisfacerlas”, recomienda el Dr. Joaquín Mateu. “Existe evidencia de que si el cuidador se olvida de sí mismo el sistema tiende a colapsar, por lo que llegará un momento en el que no podrá mantener sus esfuerzos sin padecer un daño grave en su salud mental”.

Hay otro riesgo que se presenta cuando los padres requieren mayor asistencia, y es caer en la infantilización o en la toma desmedida de decisiones sobre sus vidas. Mantener el respeto hacia sus preferencias cotidianas, consultar su voluntad e incentivar su autonomía preserva su autoestima y asegura que la convivencia siga basada en el afecto y no en la imposición de roles.

“Uno de los principales riesgos es que los hijos cuidadores, al responsabilizarse de muchas de las tareas cotidianas, acaben arrogándose también el derecho a decidir sobre aspectos fundamentales de la vida de sus padres”, añade el experto de VIU. “Una manera de mantener relaciones equilibradas es entender que, pese a la situación, sus progenitores han de mantener la máxima autonomía y contribuir decisivamente en cada paso que pueda impactar sobre su cotidianidad”.

Garantizar una vejez digna no debe representar una renuncia al bienestar de quienes los cuidan. La atención a los mayores debe tener en cuenta una comunicación asertiva, acompañamiento profesional, preservación de espacios compartidos de ocio y afecto y no subestimar a quien está siendo cuidado.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

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