La relación con el dinero comienza mucho antes de recibir el primer salario o la primera tarjeta. Diferenciar entre necesidades y deseos, establecer metas de ahorro, planificar una compra y comprender que cada decisión financiera tiene un impacto futuro son aprendizajes que pueden construirse desde el hogar y convertirse en hábitos para toda la vida.
Esta necesidad cobra especial relevancia en Ecuador. Al cierre de 2025, 11,6 millones de personas entre 15 y 69 años contaban con algún producto financiero, equivalente al 91,6 % de la población adulta. Sin embargo, el acceso a estos productos no garantiza por sí solo los conocimientos necesarios para utilizarlos adecuadamente. En un contexto de mayores presiones sobre la economía de los hogares, la educación financiera y la planificación adquieren un papel cada vez más relevante.
De acuerdo Mateo Eguiguren, Coordinador de Marketing de Banco del Austro, “prácticas como elaborar un presupuesto, establecer prioridades, fijar metas y evaluar la capacidad de pago deben formar parte de la vida cotidiana. Este aprendizaje puede comenzar desde edades tempranas, por ejemplo, al administrar una mesada, ahorrar para un objetivo o participar en la planificación de las compras familiares”.
La necesidad de fortalecer esta gestión también responde a la manera en que actualmente funcionan las finanzas del hogar. Una investigación desarrollada conjuntamente por Banco del Austro y Visa para la creación de sus nuevos productos identificó que los integrantes de las familias ecuatorianas suelen combinar presupuestos, ingresos y recursos para alcanzar objetivos comunes relacionados con su bienestar y el desarrollo de sus hijos.
En respuesta a esta realidad, nace Tarjetas Familia, una propuesta del Banco del Austro desarrollada alrededor de las dinámicas financieras de las familias ecuatorianas. La solución integra tarjetas y herramientas digitales que permiten gestionar de manera más sencilla los gastos compartidos y tener una mayor visibilidad sobre las finanzas del hogar.
Uno de sus principales atributos es que Tarjetas Familia permite incorporar a los más pequeños en este aprendizaje de manera práctica y acompañada. A través de una tarjeta prepago, los niños pueden comenzar a familiarizarse con el manejo del dinero, aprender a administrar un monto determinado, tomar decisiones de compra y establecer pequeñas metas de ahorro, mientras los padres mantienen el control y acompañan el proceso.
Adicionalmente, la solución demuestra que la tarjeta de crédito no solo es un medio de pago para el consumo diario, sino también un aliado estratégico para la planificación y el ahorro. A través de un plan de ahorro programado (PAP), los titulares de tarjetas Familia, pueden programar un monto recurrente desde su tarjeta hacia un fondo de ahorro familiar. Esta funcionalidad facilita el cumplimiento de metas compartidas (como vacaciones, imprevistos o proyectos educativos), promoviendo hábitos financieros saludables de forma organizada y sin comprometer el presupuesto diario del hogar.
Así, Tarjetas Familia busca convertir las finanzas en una experiencia de aprendizaje compartida, donde los padres pueden involucrar a sus hijos desde temprana edad y ayudarlos a desarrollar hábitos que les serán útiles en el futuro. Porque aprender a manejar el dinero no debería comenzar con la primera deuda, sino con las pequeñas decisiones que se toman cada día en familia.
