- Durante el climaterio y la menopausia, los cambios hormonales pueden favorecer mayor acumulación de grasa visceral y pérdida de masa muscular.
- Especialistas advierten que estos cambios pueden impactar la sensibilidad a la insulina, la presión arterial, los lípidos y el riesgo cardiometabólico.
- El abordaje debe ser integral e individualizado, con evaluación médica, nutrición, actividad física, apoyo emocional y tratamiento cuando corresponda.
Para muchas mujeres, el climaterio y la menopausia no solo traen cambios hormonales: también pueden modificar la forma en que el cuerpo acumula grasa, conserva músculo y regula el metabolismo. Por eso, especialistas advierten que el aumento de peso en esta etapa no debe entenderse como un asunto estético ni como una consecuencia inevitable de la edad, sino como una señal que merece evaluación médica.
La disminución de estrógenos puede favorecer mayor acumulación de grasa abdominal, reducción de masa muscular y cambios en la sensibilidad a la insulina, la presión arterial y los lípidos en sangre. Estos factores pueden elevar el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, hígado graso y apnea del sueño, entre otras condiciones.
“Durante la menopausia hay un aumento en el tejido graso y también en su distribución, con mayor cantidad de grasa visceral —aquella que envuelve los órganos internos— y una reducción de la masa muscular”, explica la ginecóloga Gemma Casals, especialista en salud de la mujer de Clínic Barcelona (España).
Los especialistas en nutrición y climaterio coinciden en que las variaciones hormonales pueden impactar en el metabolismo y en la distribución de la grasa corporal. La grasa visceral no es un tejido inactivo: puede favorecer inflamación crónica de bajo grado, alterar la sensibilidad a la insulina y modificar el metabolismo de la glucosa, los lípidos y la presión arterial.
Músculo, metabolismo y síntomas: una conversación pendiente
A medida que bajan los niveles hormonales, también puede disminuir la masa muscular, un tejido clave para la fuerza, la funcionalidad y el gasto energético. Cuando se pierde músculo, el cuerpo puede gastar menos energía y volverse más propenso a recuperar peso.
A estos cambios se suman síntomas frecuentes del climaterio, como sofocos, alteraciones del sueño, irritabilidad, cansancio o cambios en el apetito, que pueden dificultar el mantenimiento de hábitos saludables. Investigaciones recientes han asociado el exceso de grasa abdominal con sofocos más intensos y frecuentes, así como con mayor dificultad para dormir y otros síntomas que pueden afectar el bienestar cotidiano.
“La clave es conocer en qué momento vital está la mujer para mejorar su salud física, mental y su calidad de vida”, señala Alba Andreu Martí, nutricionista del servicio de endocrinología y nutrición del Hospital Clínic de Barcelona. Desde esa mirada, la conversación médica debe ir más allá del peso e incluir composición corporal, fuerza muscular, sueño, salud emocional y riesgo cardiometabólico.
Un abordaje que debe sostenerse en el tiempo
“Estamos frente a uno de los momentos más importantes y necesarios para intervenir sobre la obesidad desde una perspectiva integral. Durante años, el foco para tratar la obesidad estaba en recomendaciones de dieta y ejercicio que aún son fundamentales, pero no siempre suficientes frente a los complejos mecanismos neuro hormonales y metabólicos que sostienen la enfermedad durante esta etapa de la vida de la mujer”, sostiene el Dr. Pablo Carpintero, médico especialista y consultor en ginecología.
Los ginecólogos, como médicos de referencia para muchas mujeres, pueden tener un rol clave en identificar estos cambios, abrir la conversación sin estigma y orientar un manejo integral y personalizado. Ese abordaje puede incluir nutrición, entrenamiento de fuerza, sueño adecuado, control del estrés, apoyo emocional, monitoreo periódico y, cuando corresponda, tratamiento farmacológico aprobado u otras alternativas terapéuticas, siempre bajo evaluación profesional.
Innovación terapéutica dentro de una mirada integral
Las nuevas herramientas terapéuticas también han ampliado la conversación médica sobre obesidad. “La disponibilidad de nuevas terapias farmacológicas como los agonistas de receptores GLP-1 y GIP está transformando tanto el abordaje médico como la comprensión de la enfermedad”, apunta el Dr. Victor Kalpokas, gerente médico de Adium Latinoamérica
Kalpokas destaca que estas alternativas han contribuido a cambiar el paradigma de la terapia porque actúan sobre mecanismos relacionados con apetito, saciedad y metabolismo. Sin embargo, su uso debe entenderse como parte de un plan integral y sostenido, siempre con indicación, evaluación y seguimiento médico.
La obesidad no tratada se asocia con mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, hígado graso, apnea del sueño, ciertos tipos de cáncer y deterioro de la calidad y expectativa de vida. Según un estudio de tendencias históricas publicado en The Lancet, se pronostica que la prevalencia estandarizada por edad de sobrepeso y obesidad aumentará 30,7% a nivel mundial durante los próximos 30 años, y se espera que casi el 60% de los adultos a nivel global, tenga sobrepeso u obesidad para 2050.
En el climaterio, hablar de obesidad no es hablar de apariencia: es hablar de salud metabólica, fuerza, sueño, bienestar emocional, prevención y calidad de vida. La recomendación de los especialistas es clara: no normalizar el malestar ni enfrentar estos cambios en soledad. Consultar con un profesional de la salud puede ser el primer paso para construir un plan realista, seguro y sostenido.
