El llamado “efluvio telógeno postparto” puede aparecer semanas después de dar a luz y extenderse hasta por un año. Expertos advierten que, aunque es temporal, el impacto emocional puede ser significativo.

Para muchas mujeres, el embarazo trae consigo cambios positivos en el cabello: mayor densidad, brillo y crecimiento. Sin embargo, meses después del parto, la realidad suele cambiar drásticamente. Cepillos llenos de cabello, caída abundante durante la ducha y pérdida visible de volumen forman parte de un proceso conocido como efluvio telógeno postparto, una condición temporal que afecta a una gran parte de mujeres después del embarazo.

De acuerdo con investigaciones y asociaciones dermatológicas internacionales, entre el 40% y el 90% de las mujeres pueden experimentar caída capilar durante el postparto, dependiendo de factores hormonales, nutricionales y genéticos.

La caída suele iniciar entre el segundo y cuarto mes después del parto y alcanza su punto más intenso alrededor del cuarto o quinto mes. En la mayoría de los casos, el cabello recupera progresivamente su densidad entre los 6 y 12 meses posteriores al nacimiento del bebé. Aunque la afección al folículo es permanente si no se realiza terapia.

Según explica Darío Boada, Terapeuta Tricologíco este fenómeno ocurre principalmente por los cambios hormonales asociados al embarazo y al postparto.

“Durante el embarazo, los niveles elevados de estrógeno prolongan la fase de crecimiento del cabello, por eso muchas mujeres sienten el pelo más abundante. Después del parto, esos niveles hormonales descienden de forma abrupta y una gran cantidad de folículos entra simultáneamente en fase de caída”, explica Boada.

El especialista señala que, aunque el proceso suele ser temporal, factores como estrés, déficit de hierro, lactancia, falta de sueño y agotamiento físico pueden intensificar la pérdida capilar.

Además del impacto físico, expertos advierten sobre el efecto emocional que puede generar esta condición en mujeres que atraviesan simultáneamente cambios hormonales, cansancio extremo y adaptación a la maternidad.

“Muchas pacientes llegan muy angustiadas porque sienten que están perdiendo demasiado cabello en muy poco tiempo. Lo importante es entender que no siempre

estamos frente a una alopecia permanente, sino ante un proceso reactivo del organismo”, añade Boada.

Desde la tricología, el abordaje suele enfocarse en identificar posibles deficiencias nutricionales, evaluar salud hormonal y acompañar la recuperación del folículo piloso con tratamientos personalizados.

Entre las principales recomendaciones, Boada menciona:

  • mantener una alimentación rica en proteínas, hierro zinc y vitaminas,
  • evitar peinados de tensión o exceso de calor,
  • realizar evaluaciones de ferritina y perfil hormonal,
  • y acudir tempranamente a valoración especializada sobretodo si existen zonas visibles de despoblamiento capilar.

“El gran error es normalizar cualquier tipo de caída. El postparto sí genera pérdida capilar, pero también puede desenmascarar otros problemas como alopecia androgenética, alteraciones tiroideas o déficits nutricionales que requieren tratamiento”, explica Boada.

Estudios recientes publicados en revistas dermatológicas internacionales señalan que el efluvio telógeno postparto incluso puede revelar condiciones capilares preexistentes que antes no habían sido diagnosticadas.

Actualmente, el aumento de consultas relacionadas con caída capilar femenina ha impulsado un mayor interés en tratamientos de regeneración, salud capilar y tricología preventiva, especialmente entre mujeres en etapa postparto y lactancia.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

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