La transformación digital ha cambiado la manera en que las empresas ecuatorianas operan, se relacionan con sus clientes y administran información. Pero, al mismo tiempo, ha ampliado la superficie de exposición frente a amenazas como el phishing, el robo de credenciales, el ransomware y las filtraciones de datos. En este escenario, la ciberseguridad dejó de ser exclusivamente una responsabilidad de los equipos tecnológicos para convertirse en un componente estratégico de la gestión empresarial.
La realidad ecuatoriana muestra que estas amenazas no son hipotéticas. El EcuCERT de Arcotel mantiene alertas activas sobre campañas de suplantación de identidad que utilizan la imagen de instituciones como el Ministerio del Trabajo, SRI, Ministerio del Interior y Registro Civil. Además, durante 2026 se han reportado vulnerabilidades y campañas que pueden facilitar el robo de credenciales, el acceso no autorizado a redes y ataques de ransomware contra organizaciones.
Para las empresas, las consecuencias de un incidente pueden ir mucho más allá de la pérdida temporal de información. Una brecha puede interrumpir operaciones, afectar la atención a clientes, comprometer información confidencial, generar costos de recuperación y producir impactos reputacionales. De acuerdo con el informe Estado Actual de la Ciberseguridad Ecuador 2025, elaborado por IT Ahora, entre las amenazas que más preocupaban a las organizaciones consultadas estaban el ransomware y malware avanzado (73,33%), las fugas de información sensible (68,57%) y los ataques de phishing y suplantación de identidad (48,57%).
En este contexto, Generali Ecuador plantea que la prevención debe formar parte de una visión integral del riesgo. La compañía ha señalado que los riesgos empresariales actuales incluyen amenazas cibernéticas, interrupciones operativas y fallas en las cadenas de suministro, escenarios que pueden afectar la sostenibilidad de una organización incluso cuando no existen señales evidentes antes del incidente. En palabras de Renato Hidalgo, Gerente de Tecnología de Generali Ecuador: “Hoy los riesgos no siempre son visibles, pero sí tienen un impacto directo en la operación y sostenibilidad de las empresas. Anticiparse es clave para garantizar la continuidad del negocio”.
La primera barrera también está dentro de la organización
Una estrategia de ciberseguridad no depende únicamente de instalar herramientas tecnológicas. También requiere desarrollar hábitos entre colaboradores y establecer protocolos claros para identificar y responder ante situaciones sospechosas. Un correo que solicita actualizar una contraseña, un enlace que conduce a una página aparentemente legítima o un mensaje que utiliza la identidad de una institución conocida pueden convertirse en puntos de entrada para un ataque.
Por ello, algunas medidas básicas pueden reducir la exposición: utilizar contraseñas robustas y diferentes para cada servicio, activar la autenticación multifactor, mantener actualizados sistemas y aplicaciones, realizar respaldos periódicos y limitar los accesos a información sensible según las funciones de cada colaborador. En el caso de las empresas, también resulta fundamental definir previamente quién debe actuar, cómo se debe aislar un incidente y cómo mantener la operación ante una eventual interrupción.
El propio Generali Ecuador reconoce en su política de privacidad que mantiene procesos y políticas de seguridad de datos sujetos a monitoreo constante para proteger la información de sus usuarios, aunque advierte que ningún sistema puede garantizar por completo la protección frente a todas las amenazas cibernéticas existentes. Esta perspectiva refuerza una idea clave: la seguridad digital no consiste en eliminar completamente el riesgo, sino en identificarlo, reducir la exposición y estar preparados para responder cuando ocurra un incidente.
Durante el Mes de la Ciberseguridad, el llamado para las organizaciones ecuatorianas es, por tanto, a mirar la protección digital desde una perspectiva más amplia. La pregunta ya no debería ser únicamente qué tan protegidos están los sistemas, sino qué tan preparada está la empresa para continuar operando si uno de ellos falla o es comprometido. Incorporar la ciberseguridad dentro de la gestión integral de riesgos permite pasar de una respuesta reactiva a una cultura de prevención y resiliencia, donde tecnología, personas, procesos y planificación trabajan conjuntamente para proteger la continuidad del negocio.
