La educación técnica y tecnológica gana espacio dentro del sistema de educación superior ecuatoriano. Entre el segundo semestre de 2023 y el mismo período de 2024, la matrícula en los Institutos Superiores Técnicos y Tecnológicos (ISTT) pasó de 125.988 a 138.613 estudiantes, un incremento del 10 %, según datos de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (SENESCYT), recogidos en el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2029.

Este crecimiento sitúa en el debate educativo la oportunidad de la formación profesional frente a las transformaciones del mercado laboral. La actualización de competencias, la incorporación de nuevas tecnologías y la articulación entre las instituciones educativas y el sector productivo son algunos de los desafíos para preparar profesionales capaces de responder a las necesidades de una economía en constante cambio.

“El crecimiento de la educación técnica y tecnológica nos invita a mirar más allá del acceso a la educación superior. El desafío está en ofrecer una formación pertinente, capaz de evolucionar junto con las necesidades de la sociedad y del entorno productivo, sin perder de vista el desarrollo integral de las personas”, señala Kevin Huerta, vicerrector académico del Tecnológico Universitario Rumiñahui.

A este incremento se suma el debate de cómo fortalecer las trayectorias educativas y ampliar las oportunidades de acceso. La formación técnica y tecnológica constituye una de las opciones dentro de la educación superior, cuyo aporte al desarrollo del país está vinculado tanto a la calidad de los programas como a su capacidad para desarrollar conocimientos y habilidades relevantes para el entorno profesional.

En este contexto, el Tecnológico Universitario Rumiñahui conmemora 30 años de trayectoria académica. Desde 1996, la institución ha desarrollado su propuesta educativa y actualmente mantiene convenios de intercambio con más de 18 universidades de Europa, Norteamérica y Latinoamérica, una dimensión que incorpora la internacionalización a su recorrido institucional.

Adicional a este ecosistema de formación integral, se suma un nuevo hito histórico con la incorporación de 10 maestrías tecnológicas enfocadas en distintas áreas. Este salto hacia el cuarto nivel de posgrado permite a los profesionales adquirir competencias avanzadas, gerenciales y de alta especialización, manteniendo el enfoque práctico y de rápida aplicación que requiere el sector productivo actual.

Es así que, de cara al futuro, la transición hacia nuevos modelos educativos plantea nuevos retos para la educación técnica y tecnológica. Áreas como el análisis de datos, la inteligencia artificial reflejan la evolución de los conocimientos y las competencias que adquieren relevancia en un entorno productivo en constante cambio, y abren nuevas perspectivas para la formación de profesionales.

Por Yazmín Bustán

Feminista. Trabajando en visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres,

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