Por: Christian Arias Toscano – Docente de UIDE campus Guayaquil
Carolina narra en terapia los cambios de humor que siente en los momentos de calor y de mayor intensidad del gol, en las calurosas calles de Guayaquil mientras hace sus dilegencias. Jorge describe la apatía con la cual recibe la lluvia y como esta representa un cúmulo de sensaciones lo suficientemente desagradables como para “arruinarse” su día, mientras que para Johanna el frío y la humedad le llevan a evocar una serie de “recuerdos tristes” a manera de memorias… Surge así la pregunta, ¿Impacta el clima en el estado de ánimo?
Es pertinente considerar algunas creencias y dichos alrededor del tema, cómo muchos han asociado tristeza, melancolía e incluso depresión, con los limas sombríos. ¿Se trata de una sugestión colectiva o es una respuesta afectiva, neurobiológica, del ser humano con el medio ambiente?
No es un mito, ni queda en el terreno de la anécdota. La definición misma de “estado de ánimo” nos lleva a pensar los afectos como una respuesta circunstancial y transitoria, hoy estamos de una manera, mañana estamos de otra; ningún día es igual. El estado de ánimo puede variar en función de las circunstancias, experiencias y motivaciones. Nuestros afectos se dan a partir de experiencias y son la forma en la cual respondemos a ellas. En esas experiencias, el clima puede representar un factor influyente sin lugar a dudas y dará cabida a varias interpretaciones propias de la diversidad del ser humano.
El enojo que Juan Carlos puede sentir mientras llueve y hace frío es tan válido como la nostalgia con la cual Carolina recuerda sus aventuras infantiles vividas en el invierno. Vale hacer una lectura desde diferentes enfoques de pensamiento, tales como el psicoanálisis, la terapia cognitiva conductual y la teoría ecológica del desarrollo.
Desde Freud podemos entender el estado de ánimo como la disposición o la forma en la cual nos ubicamos frente a la vida y sus vicisitudes. Por su parte, la teoría cognitiva conductual nos permite comprender las creencias que hemos atribuido alrededor del clima y las emociones que experimentamos mientras que, en otra dirección, Brofenbrenner explicó cómo el ecosistema, aspectos como el medio ambiente, el cambio climático y demás aspectos pueden influir en el ser humano. Dicho eso, queda clara la influencia del clima en la psique y la biología humana.
Por su parte, los estudios de las neurociencias también permiten comprender este importante tema. Cuando la radiación solar disminuye, se da un reajuste neuroquímico en nuestro sistema nervioso. La hormona del sueño, melatonina, se mantiene elevada durante los días oscuros y lluviosos, lo cual pudiera producir cierta somnolencia, letargo y aburrimiento. Por su parte, la vitamina D que se produce a través del impacto que recibimos de la luz del sol, favorece la producción de serotonina y la regulación del estado de ánimo, favoreciendo estados de motivación y bienestar. Se ha asociado la escasez de luz con un anhedonia, dificultad para sentir placer y síntoma frecuente en las personas con trastornos depresivos que, dicho sea de paso, suelen mostrar déficit de vitamina D, así como de serotonina.
Por su parte, el DSM V Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales sugiere el Trastorno Afectivo Estacional, describiendo sintomatología recurrente de episodios depresivos en ciertas épocas del año con menor radiación solar (generalmente otoño e invierno).
Los días lluviosos sí afectan nuestro comportamiento y estado emocional, al igual que otros cambios climáticos y cuestiones ambientales. No es un mito ni una debilidad de carácter, sino una respuesta neurobiológica y adaptativa real ante la variación de luz y presión. Reconocer esta influencia nos permite dejar de juzgarnos por sentir menor energía y nos da la pauta para implementar pequeños ajustes que cuiden nuestra salud mental, sin importar el clima que haya afuera.
Dada la complejidad del ser humano y los múltiples esfuerzos que teóricos e investigadores han hecho por explicar sus necesidades y problemáticas, es justo decir que para cada quien el clima tiene un significado propio, y su impacto atañe siempre a cada uno.
