Con el inicio del nuevo año escolar cada vez más cerca, uno de los desafíos que enfrentan estudiantes, familias y docentes no es únicamente retomar las rutinas, sino recuperar la capacidad de mantener la atención durante periodos prolongados. En una realidad marcada por el consumo constante de contenido digital, videojuegos, redes sociales y plataformas de entretenimiento, volver a concentrarse se ha convertido en un reto que trasciende el aula y refleja un cambio profundo en la forma en que las nuevas generaciones interactúan con la información.
Hoy, las plataformas digitales no compiten únicamente por el tiempo de las personas, sino por su atención. En este escenario, niños y adolescentes están expuestos a un flujo permanente de estímulos que favorecen el consumo inmediato de contenidos breves y dificultan el desarrollo de una atención sostenida. Esta realidad plantea nuevos desafíos para el aprendizaje, especialmente al momento de retomar las actividades académicas.
Para Pablo Dueñas, docente de la Escuela de Educación de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), el problema no radica en que los estudiantes hayan perdido la capacidad de concentrarse, sino en que el entorno digital ha transformado la forma en que ejercitan su atención. No es que nuestras capacidades cognitivas desaparezcan, pero sí aumenta la frecuencia con la que nuestra atención es capturada, interrumpida y redirigida. Con el tiempo, esto modifica nuestros hábitos de concentración, explica.
La atención, entonces, no desaparece, sino que cambia. El consumo constante de contenidos breves acostumbra al cerebro a pasar rápidamente de un estímulo a otro en busca de novedades. Esto puede hacer que actividades que requieren mayor tiempo y paciencia, como leer, escuchar una explicación, resolver un problema o desarrollar una tarea, resulten más difíciles de sostener.
En este contexto aparece la hiperatención, una forma de atención que cambia rápidamente de objeto, procesa múltiples estímulos y permanece pendiente de novedades. Aunque puede ser útil para desenvolverse en entornos digitales, también dificulta permanecer durante mucho tiempo en una sola actividad. Cuanta más información consumimos, menos tiempo dedicamos a comprenderla en profundidad.
El regreso a la rutina escolar hace más evidente este desafío. Después de un periodo con mayor exposición a videojuegos, redes sociales, videos y entretenimiento digital, volver a pasar varias horas escuchando, leyendo, escribiendo o resolviendo problemas requiere recuperar progresivamente una atención más sostenida. Cada cambio constante de actividad también implica un costo cognitivo: el cerebro necesita redirigir sus recursos hacia cada nuevo estímulo, lo que puede generar cansancio y dificultar la concentración.
Por eso, para Dueñas, recuperar la concentración no significa convertir a las pantallas en el enemigo. La tecnología también puede ser una herramienta para aprender, crear y comunicarse. El desafío está en establecer espacios sin interrupciones, reducir las distracciones digitales, recuperar hábitos como la lectura y permitir momentos de pausa.
En un entorno que constantemente intenta capturar nuestra atención, enseñar a niños y adolescentes a detenerse, permanecer en una actividad y comprenderla en profundidad puede ser tan importante como enseñarles a utilizar la tecnología. La concentración no desapareció; necesita ser ejercitada y protegida.
