Por: Sara Correa Soto – Docente de Marketing UIDE Guayaquil
El lunes 19 de octubre, Guayaquil acumuló 170,37 milímetros de lluvia hasta las 08:00 y registró 57 puntos con agua estancada, según el COE cantonal (El Comercio, 2026). Detrás hay un problema económico: una jornada con calles anegadas es una jornada de ventas que no se realizan y de mercadería en riesgo. Y no es un hecho aislado. Hasta el 24 de septiembre, la estación del aeropuerto acumulaba 99 milímetros, más de 140 veces el promedio histórico del mes (García, 2026b), y los centros internacionales advierten que El Niño puede alcanzar una intensidad muy fuerte a finales de 2026 (García, 2026a).
Guayaquil es la ciudad con más en juego. Su comercio generó USD 5.223 millones en 2024, el 29,01 % del comercio nacional y el primer lugar entre los 221 cantones del país (Banco Central del Ecuador [BCE], 2024, como se citó en KCH Comunicación, 2026b). En Ecuador, el comercio reúne el 34,1 % de las empresas y el 36,5 % de las ventas, y nueve de cada diez empresas son microempresas (92,2 %) (Instituto Nacional de Estadística y Censos [INEC], 2025). Son negocios que pagan arriendo, sueldos y servicios aunque no entre ningún cliente.
¿Dónde se concentran las pérdidas? La experiencia de El Niño de 1997-1998 lo muestra. Según la CEPAL (1998, como se citó en Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos [SNGR], 2026), las pérdidas totales fueron de USD 2.869,3 millones y USD 2.086,1 millones fueron indirectas, es decir, ingresos que se dejaron de percibir: USD 2,66 por cada dólar de daño directo. En industria, comercio y turismo, USD 222,9 millones de los USD 272 millones perdidos fueron de este tipo (SNGR, 2026). Daniel Lemus, de la Espol, indica que tres cuartas partes del impacto sobre las empresas fueron paralización de operaciones y sobrecostos (García, 2026a). Lo que más cuesta no es lo que el agua daña, sino lo que el negocio deja de vender.
Guayaquil ya conoce esa factura. La Cámara de Comercio estimó que dos jornadas de lluvia en marzo de 2023 impidieron ventas por USD 38 millones (Vera, 2023). En 2026, las ventas de la ciudad superaron los USD 42.300 millones entre enero y julio de 2026, cerca de 10 % más que un año atrás (KCH Comunicación, 2026a). Pero el crecimiento no llega a todos por igual. En junio, comerciantes de calles intervenidas por obras reportaron caídas de entre 40 % y 50 % en sus ventas y expresaron su temor de que las lluvias agraven la situación (Andrade Andrade, 2026). Son estimaciones de los propios comerciantes.
La lluvia también reorienta la demanda. Comerciantes del centro de Guayaquil informan un aumento en la venta de ponchos, botas y paraguas, y de ventiladores casi al doble (El Universo, 2026). Quien se adapta a tiempo recupera parte de lo que pierde. Lo que no se compensa es el agua acumulada: en un aguacero de octubre, más de 50 sectores resultaron afectados y al menos 30 se agravaron por la basura en los canales, según Segura EP (Sánchez González, 2026).
A escala nacional, las estimaciones difieren porque miden cosas distintas. El BCE calcula que El Niño restaría entre 0,5 y 1,4 puntos al crecimiento de 2027, unos USD 1.825 millones en el escenario fuerte (Toala, 2026). La Espol plantea una pérdida de entre 9 % y 12 % del PIB en un caso optimista y de entre 15 % y 20 % en uno severo (García, 2026a). La primera mide crecimiento que se deja de ganar en un año; la segunda, la pérdida total.
La respuesta tiene dos niveles. En lo público, limpiar canales y mantener el drenaje protege la continuidad comercial: los planes preventivos del Municipio superan los USD 10,2 millones, pero tenían poco avance cuando comenzaron las lluvias (García, 2026b). En lo privado, cada negocio debe calcular cuánto le cuesta un día cerrado, mantener una reserva de caja de al menos 90 días y revisar si su seguro cubre los ingresos que se dejan de percibir (García, 2026a). La lluvia no se puede evitar; su costo económico sí se puede reducir.
